Porque no sólo el turrón te devuelve a casa por Navidad…

Fue hace dos meses. Aquel sábado de trabajo intenso, Tatiana me había traído una chapata para cenar. La abrí por la mitad y la tosté un poco para hacerla ganar en consistencia. En ella coloqué una tortilla de bacalao de tres huevos con los últimos pimientos rojos de la última lata de conserva de la remesa que trajeron mis padres.

Mientras cenaba sólo y sin más provisiones y ‘productos de la tierra’, me agobié recordando lo que serían unas segundas fiestas de Navidad en Brasil, lejos de las costumbres y el entorno al que estoy habituado.

Hacía tiempo que habíamos tomado la decisión de no ir para España. Degustaba los últimos bocados de mi bocadillo y la idea de no regresar, me entristecía.

Terminé, fregué, me cepillé los dientes y minutos después, con el ordenador por delante, tomaba la decisión.

Por fin de nuevo (casi) todos juntos

Ayer domingo, con la complicidad de mi hermano David, nos presentamos por sorpresa en la comida familiar en la que mi padre celebraba su cumpleaños. Pocas veces vi fluir tantas emociones y algarabía.

Apenas 24 horas después, y a pesar de una inoportuna laringitis que me impide comer sólido y hablar lo suficiente, estamos disfrutando todos de nuestro regreso a casa. Nos vemos.

El primer culín de sidra después de más de un año del último.

Blanca

¡¡Blanca, bienvenida!! Querida sobrina, es una alegría enorme recibirte entre nosotros, esta familia que poco a poco y con el aporte extraordinario de tus padres, va sumando, creciendo, haciéndose más familia e irremediablemente también más mundial.

A pesar de la distancia que una vez más me separa de la llegada de todos vosotros, mis sobrinos, siento bien cerca la alegría de tus padres, la expectación de tus hermanos y la ilusión del resto de tíos y primos. Hay distancias insalvables pero emociones que a pesar del trecho, las siento con nitidez absoluta.

Entre nosotros estarás a gusto. En tu casa no te faltará amor, mucho menos juguetes y ‘jugadores’ y alguna que otra croqueta para cenar. Tendrás la cobertura, logística y el cariño para crecer en valores y dar testimonio de ello aunque no sea necesario hacerlo con carteles desde la terraza de casa… Tendrás asegurada la algarabía en el día de Reyes, las carantoñas a ras de suelo del abuelo paterno, las extravagancias de tu tío David y si, nadie lo remedia, un conocimiento óptimo de los mejores destinos turísticos de Brasil.

Y es que exotismo no nos falta (mira tu madre). Dentro de poco Blanca, llegará la que está llamada a ser tu prima cómplice. Para ella, estoy convencido, te convertirás en su mejor referente, la prima a la que esperará ver al llegar al aeropuerto, la prima con la que hablar por Internet, la prima con quien viajar… Con apenas horas de vida, quizá Blanca ya hayas asumido tu primera responsabilidad en la vida. La certeza de que estarás al nivel que la situación requerirá me genera una tranquilidad absoluta.

Como ya hice con el resto de mis sobrinos, permíteme que entre los que ahora te adoran aún en el hospital, me llegue hasta ti y te de mi primer beso. Un beso que sella nuestra relación como sobrina y tío para siempre. Y como es precisa la cercanía para sentir el cariño, aspiro que la condición de ‘tío brasileño’ sea temporal.

Desde aquí, desde este país que seguro que será el primero ajeno que coloques en tu mapa, recibe el mejor de los afectos de tu familia expatriada y el deseo de que para cuando me leas esta carta en su día –por favor-, te hayas convertido en una fuente más de alegría para esta familia y un excelente ejemplo de aquellos que recientemente nos precedieron en este árbol familiar.

Blanca, que tu llegada nos llene de colores.

¡¡ Bienvenida Blanca !!