Mollejas, gazpachito y ‘el parte de las 3’ en Brasil.

Hoy estoy de ‘Rodríguez’. Tatiana, su madre e Iara se han ido para a la Sierra a pasar el fin de semana aprovechando el feriado de hoy. Se han ido con la misión especial misión de encontrar a la nueva, será la quinta, niñera de mi hija (esta vez y a diferencia de las otras, para quedarse a dormir en casa).

El trabajo por hacer ha sido la principal razón para acompañar a la expedición en su cometido.

A la hora de comer y aunque habían dejado comida hecha, he decidido ir al supermercado para cocinarme algo diferente y salir de la monotonía de sabores y alimentos a los que estoy habituado. La elección; unas mollejitas de pollo (imposible encontrarlas de cordero). Después de una hora ante el fogón y cocinado todo con un aceite de oliva ecológico español que protejo con devoción mariana, me senté en la mesa ante una botella de Malbec argentino, un gazpachito, unas rebanadas de pan tostado para emular cierta consistencia y las mollejitas guisadas con cerveza acompañadas por unas patatas fritas… mientras veía repetido ‘el parte’ de las 3 (las noticias son más propias de aquella época de necesidad y penuria).

Y aunque todo se supo a gloria (las mollejas quedaron un poco duras), disfruté más del momento, de la actividad que de los sabores.

Y así ente fuegos y el blog, ya llevo consumido la mayor parte del día sin cumplir con mis obligaciones. Vamos con ellas que la madrugada, a pesar de la luna llena, será negra.

Qué bien se vive en Brasil!!

 

Un año en Brasil

Tal vez como no hay motivos para celebrar nada, me equivoqué en el día de la efeméride de mi llegada a este país. Fue ayer día 31 de octubre y no hoy, cuando cumplí mi primer año. Lo que mejor recuerdo de aquel día fue cuando me requisaron en la aduana todo el embutido que me traía. Aquel suceso se convertiría con el tiempo en una inocente anécdota.

Ni tan siquiera el momento de tomar la decisión de venirnos hasta aquí, motivó la más mínima ilusión. Forzados por la incertidumbre del futuro y las aspiraciones profesionales y de familia, la opción de llegarnos hasta aquí fue, no sé si la más lógica, pero sí la más razonable. A la vista de la situación presente y de futuro ‘en casa’, la apuesta por salir fue correcta.

Mi puesto de trabajo y mi mejor ayudante, la que más me motiva.

Pero ¿y el destino? No fue una elección sino una oportunidad fácil, cómoda… natural. Era consciente de que Fortaleza no era un destino de mi preferencia pero aquí teníamos –así pensaba- la logística, los contactos… Ni en el peor de los escenarios pude imaginar que esta experiencia me supusiera tanta… (me cuesta encontrar la palabra)… desesperación, frustración… Sin lugar a duda, el peor periodo de mi vida…

  • por el desgaste mental. Cuántas noches en vela, diseñando nuevos escenarios, buscando alternativas…
  • por el desgaste físico. Mi alergia peor, enganchado a un colirio que el oculista me recomendó por mi fatiga visual, mi espalda dañada apunto de iniciar un ciclo de 10 sesiones para aprender nuevos hábitos
  • por lo que se añora de los buenos tiempos
  • por la falta de intimidad, de libertad
  • por el deterioro en la relación de pareja
  • por el entorno hostil, violento, carente de formas y normas, donde la desconfianza es la base en el ámbito profesional e social.

Sólo quien vive el día a día y viene de fuera, puede entender esta situación. Para el turista, para el expatriado (el que viene mandado por una empresa no brasileña con todo pagado…)… todo estos problemas de lo cotidiano no dejan ser una consecuencia del exotismo del lugar.

Durante este periodo viví situaciones jamás imaginables, escuchado historias surrealistas, asistido a detalles cómicos (cuando no dramáticos), a formas de actuar primitivas, cerrando los ojos para no escuchar… Soy fruto de una determinada cultura, de unos valores, de una manera de comportarme en sociedad… que aquí nada tiene que ver y de las que no puedo escapar.

 

Cultour Spain, la primera marca de mi proyecto como emprendedor en Brasil.

¿Cómo asumir esta informalidad a todos los niveles tanto de la vanguardia (los que como responsables de empresa no me atendieron) como de los curritos (mi hija en seis meses ya tuvo cinco niñeras –la última hoy argumentó que tenía catarro- porque un día deciden no venir sin avisar, o durante cinco meses pasaron tres asistentas por esta casa)? ¿Cómo aceptar la falta de educación a todos los niveles para lo cotidiano (consecuencia tal vez de un nivel intelectual tan pobre –lo que es reconocido por todos)? ¿Cómo llevar el caos y desorden de esta ciudad, propio de esta región del Nordeste de Brasil? ¿Cómo asumir que ‘amigos’ de tu mujer a los que acudiste rehúyan de ayudarte con ese teléfono, ese contacto, ese asesoramiento…? ¿Como asumir que (algunos) familiares se desentiendan o miren para otro lado cuando se trata de echar una mano –recalco, una simple mano? ¿Cómo adaptarse a una cultura donde el esfuerzo y el compromiso son desdeñados como cualidad? ¿Cómo convivir en una ciudad donde al año se producen casi 2000 homicidios (en el 2010, 1824. En Madrid, en el 2011 los homicidios fueron 48 personas)?

Como le dijo un brasileño a un conocido mío español en situación de ilegalidad en Brasil…, “Brasil no está hecho ni para nosotros los brasileños”. Y no es de extrañar que muchos brasileños de los que conozco varios casos, no quieran volver porque ya no se acostumbrarían de nuevo a este estilo de vida.

¿Es entonces extraño el pensar que uno no desee para su hija este entorno? ¿Es criticable que a pesar del cansancio y frustración, no deje de buscar entornos algo más agradables en el sur del país o fuera de él?

Desde mi llegada a Brasil, mi forma de vivir cambió radicalmente. Carezco de amigos. El deporte se reduce a una o dos veces a la semana en el gimnasio. No tengo ninguna actividad de ocio. No disfruto con la comida. Los fines de semana no existen.

 

slowTRAVELers, una segunda marca para comercializar grande viajes.

Pero además del precio que estoy pagando por esta aventura en Brasil, existe otro igualmente triste. Con mi llegada hasta aquí, el contacto con mi red social en España se ha mermado bastante e incluso desaparecido con personas con quien tenía un trato a diario. Afortunadamente, la familia sigue ahí como siempre y como algunos amigos que siguen demostrando su fidelidad de una manera que no olvidaré.

No queda otra que seguir trabajando, ser constante en el empeño, creativo en las soluciones y asumir que en esta aventura, estás sólo y que nada o muy poco (en el mejor de los casos) puedes esperar del resto.

Mi situación de disconformidad no es la de muchos españoles, extranjeros que viven por aquí, pero sí es compartida por muchos que conviven en condiciones muy, muy desfavorable… incluso en situación de ilegalidad. Los comentarios en este blog son testigos de ello. Encima soy un afortunado, porque tengo una mujer que hace más llevadera mi adaptación, vivo en una casa estupenda y todas las comodidades…

Todo cambio y este tiene componentes culturales muy importantes, requiere de tiempo, de reacomodarse en las formas, el lugar y entre el contexto. Ser además emprendedor y extranjero, en un sector que no tienes experiencia salvo tu profesionalidad y donde existe una desconfianza enorme por tantas estafas que suceden (más aún cuando nadie tiene referencias tuyas). Convertirte en padre y asumir la responsabilidad que implica cualquier decisión. Convivir en una casa que no es la tuya y donde los hábitos son diferentes. Mi apuesta por recuperar el control de mi vida y vivirla haciendo cosas que me motiven… todo esto son factores que dificultan el proceso de adaptación (que no de asimilación) en esta aventura. Por lo que veo y me dicen otros en situaciones similares, es normal que las cosas tarden un poco en darse.

No sé si es un espejismo pero quiero intuir la luz al final del túnel. Será necesario para recuperar fuerzas y asumir lo correcto de la apuesta profesional. De otra manera, seguir en este país (ya no hablo de Fortaleza de la que vamos a salir), no es posible.

 

Los pilares de la tierra.

En fin, se trata de una experiencia dura, muy jodida en la que el componente cultural, el entorno local en el que vivo, mi incapacidad para (con-)vivir con transigencia y sin agonía y mi resistencia a asumir mi presencia aquí, hacen que la misma tenga estas características.

Invito al lector a ponerse en mi lugar y reflexionar sobre lo difícil que es asimilar el no poder estar donde quieres y no querer estar donde estás. El dilema del emigrante.

Hoy día de los Santos Difuntos, no era la efeméride. Me falló el subconsciente. Porque tal vez con el inicio de esta nueva vida, quizá moría la otra. Esa otra que me permitió disfrutar a mi antojo y voluntad de esta paso por la vida que en mi caso al menos, será irrepetible.

El necesario ‘hasta luego…’

Aunque me acompañan unas cuantas experiencias en toma de decisiones vitales durante mis cuarenta años de deambular por esta vida (en 1999 me traslado a vivir desde Toledo a Oviedo y en el 2006 inicio en un viaje por América Latina que finalizaría dieciséis meses después), ésta de salir de Asturias y mi país para irme a vivir a Brasil (Fortaleza) es, sin lugar a dudas, la más trascendental.

Y lo es por varias razones. Primero porque en esta ocasión la decisión es compartida en pareja (con Tatiana, brasileña) lo que implicó una gestión difícil del proceso. En segundo lugar, por la complejidad de la decisión; por un lado, la placentera calidad de vida de Asturias sin oportunidades laborales y, por otro, los retos profesionales importantes de Brasil con una merma considerable en nuestras condiciones de vida. Ha sido una decisión donde se mezclaron los deseos y voluntades con la realidad y el deber y que provoca tantas dudas sobre su pertinencia y acierto que me acompañarán todo el resto de mi vida. Y en tercer lugar, por las implicaciones que la marcha supone; lejanía de tu tierra de referencia, familia, amigos, hábitos…de tu zona de confort, abandono de tu propia casa, comienzo otra vez desde 0 en país extraño, nuestra próxima paternidad, etc.

Para muchos que habéis vivido de cerca esta toma de decisión, la habéis considerado como un acto valentía. Sin negar ciertas dosis del carácter proactivo y aventurero que nos identifica a los dos, hay que reconocer que es un salto medido y con red. Sin la cobertura emocional, la tejido de contactos, la logística familiar… que aporta Tatiana, esta decisión adquiriría una dimensión diferente. Nosotros sin embargo, nos vamos en condiciones ventajosas a las que también contribuye mi estatus de residente permanente que me permite ser considerado en el mercado laboral/empresarial como un brasileño más (aunque sin la misma habilidad para el baile).

Difícil me resulta compartir las sensaciones que he venido sintiendo desde que tomamos la decisión de irnos a Brasil hace casi tres meses. Ahora, a escasas horas de tomar el vuelo dela TAP1015, siento con mayor intensidad que estoy viviendo un cambio radical de consecuencias impredecibles pero de afectación evidente para el resto de mi vida y la de mi familia. Ojala pudierais atisbar el vértigo, la incertidumbre, el miedo… que un acto como éste provoca y del que ya, ya no es posible la marcha atrás. Que a partir de ahora, tu devenir estará ligado para bien o para mal, a esta decisión.

Pero peor aún sería si no tuviera la certeza de que emprendo esta aventura con la mejor compañía y compañera (de viaje) posible. Tatiana y su familia, me garantizan el cariño necesario y la cobertura emocional que precisa quien se adentra en un espacio amigo pero ajeno. ¡Qué fortuna la mía!

Y si fueran pocas las emociones, más lo es la vida que estamos engendrando desde hace ahora ya doce semanas. Enorme es la ilusión por mi futura y deseada paternidad pero también grande, grandísima es la responsabilidad que asumo en esta aventura que hasta la fecha me impide recrearme en esta la mayor y más importante experiencia de mi vida. Siento una vez más ese redoble de tambores tan familiar que me vuelve anunciar un nuevo acto con categoría de ‘más difícil todavía’.

En esta nueva aventura, no sobrarán las palabras de aliento, los gestos cómplices, la llamada oportuna… Que esta ventana a modo de bitácora que hoy os vuelvo abrir después de aquellos ya lejanos -y origen de los actuales- ‘latidos de una huella’, nos permita seguir compartiendo como hasta ahora amistad, el afecto familiar, largas sobremesas, culines de sidra, rutas de bici y montaña… Desde este otro lado de esta ventana abierta de par en par me comprometo a mostraros a través de mis experiencias y anécdotas y con la misma pasión y humor que antaño, mi deambular y el de mi familia por una tierra, un país que ya empiezo a sentir como algo propio.

Y como no sé hacer de otra manera, será también un espacio transparente en emociones. Como la que me provocó Tatiana en su despedida telefónica aquel día que confirmó nuestro embarazo. Ya sintiendo la vida que llevaba dentro de sí, se despidió con un ‘te queremos’ que me impresionó tanto que aún ahora me estremece y emociona… sí, ‘te queremos’.

Allí me esperan los dos, allí en mi nueva tierra, ‘a Terra do Sol, o Ceara, no Brasil’.