Hoy hace 5 años…

Hoy hace cinco años, llegaba de vuelta a casa tras un largo viaje de dieciséis meses por las tierras y “arterias” de la América Latina del sur. La misma tierra que hoy, cinco años después, me acoge a punto de abrigar entre mis brazos la vida de mi hija, Iara, y a cuya madre conocí en las escaleras de un hotel mientras iba de un lado para otro.

Hoy hace cinco años, terminaban aquellos latidos de una huella (www.latidosdeunahuella.blogspot.com ) aunque el viaje por la vida continua.

Hoy hace cinco años, llegaba a casa de mis padres, y mi madre me agasajaba con unas concretas de bacalao para iniciar bien la Cuaresma.

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Brasil, lo que todo emprendedor, empresario o profesional debería saber antes de instalarse aquí (Texto completo).

Muchas son las informaciones, estudios, datos… que acompañan el interés que despierta actualmente Brasil en el ámbito de los negocios internacionales. Sin embargo, es muy difícil encontrar esa otra información valiosa que tanto uno necesita cuando llega a un país ajeno donde la cotidianidad, las costumbres y los códigos de conducta resultan –cuanto menos- diferentes.

A continuación pretendo resumir las primeras impresiones que me provoca este país cuando a penas llevo tres meses de estancia (aunque ya lo conozco de otras estancias temporales). Tenga el lector en cuenta por tanto este factor prematuro además de la dificultad que implica la generalización de un país de realidades tan opuestas. El país de la OCDEque registra la mayor desigualdad entre ricos y pobres, un país que cuenta con cinco grupos étnicos y con poco más de 200 millones de habitantes.

Avenida Paulista, Sao Paolo (foto tomada en julio de 2006)

  1.  El primer factor que no escapa a nadie interesado en llegar hasta este país, es la toma de conciencia del tamaño de Brasil (el doble de la extensión de todos los países de la Unión Europea). ‘Ir a Brasil’, ‘instalarse en Brasil’, ‘vivir en Brasil’… implica, por tanto, en primer lugar una elección estratégica del lugar/ciudad/estado en función de los objetivos profesionales (y personales) que se pretendan.
  2. La centralidad económica en el ámbito de los negocios de Sao Paolo, es evidente. La ciudad representa en la actualidad uno de los polos económicos más interesantes para el desarrollo de negocios a nivel mundial. Por el contrario, la urbe representa uno de los índices más bajos de aceptación en cuanto a condiciones de vida muy determinadas por el transporte y el elevadísimo coste de vida (décima ciudad más cara del mundo) además de la escandalosa falta de seguridad ciudadana.
  3. Brasil es un país muy interesante para profesionales, emprendedores… pero no lo es para tanto para una aventura en familia con niños. Quizá especial sensibilidad me despierta esta consideración por padecerla en carne propia. La ausencia de los estándares europeos de seguridad en la mayor parte del país (a veces acrecentada de manera intencionada por el negocio que genera), impide hábitos públicos a los que solemos estar acostumbrados. La acción de pasear, por ejemplo, no es una actividad común (tampoco contribuye a ello la falta de espacios públicos adecuados). Inexistentes son también los parques infantiles destinados al disfrute de los niños pequeños, tan frecuentes en nuestro país. Llamativo dato también que en el periodo que llevo viviendo aquí, sólo he visto un carrito de bebé por la calle. La vida social, la vida familiar por tanto se reduce a espacios privados. Sirva a modo de ejemplo la consideración de los centros comerciales como el principal lugar de recreación de la población. También muy ilustrativo es el hecho de que la mayoría de los condominios (como aquí se le denomina a las urbanizaciones) ofrezcan una serie de servicios comunes (piscina, salón de fiestas, parrilla, área para niños, gimnasio, lavandería…) que invitan al disfrute de manera privada en un espacio que además se encuentra garantizado por el servicio de seguridad propia del condominio que a modo de bunker se aísla de la incertidumbre del exterior. Por tanto, se hace imprescindible asumir la pérdida de calidad de vida respecto a los estándares que gozamos en Europa en términos de servicios al ciudadano y, muy especialmente, seguridad ciudadana.
  4. La sensación de inseguridad que uno siente (y que acentúan los propios locales desde que uno llega al aeropuerto), no sólo la genera la violencia. El tráfico es otro elemento que incorpora grandes dosis de –por qué no llamarlo por su nombre- peligro. Bicicletas, motocicletas, caballos, carros tirados por animales, peatones, socavones, imprudencias (coches en dirección contraria o dando marcha atrás como ya presencié en varias ocasiones), accidentes (especialmente con motos implicadas)… forman parte de la escenografía habitual de las calles y carreteras de este país. Conviene alertar, para evitar sorpresas a quien se aventure a venir por primera vez a este país –y a este continente- que es habitual y ‘consentido’ no atender la luz roja de los semáforos en horas de la noche por una cuestión de seguridad al quedar expuesto a posibles atracos. Mucha atención exige también los actos de compra, especialmente en supermercados. Esto me sorprende y me indigna de manera extraordinaria. Es muy frecuente (repito, muy frecuente, al menos en los centros que asiste mi familia) constantes errores en los ticket de compra, curiosamente siempre el error a favor del supermercado. Aquí el cliente es ninguneado y lo es además de un entorno de calidad/precio de servicios y productos deficiente.  Este país exige por tanto una constante atención, prevención y alerta.
  5. Lejos de posiciones etnocentristas, es necesario hacer constar para quien se interesa por este país como opción las deficientes condiciones de vida que favorecen ciudades sin un transporte público decente, sin infraestructuras que den respuestas al tráfico caótico, la suciedad, la falta de planificación y sin noción alguna de lo que implica un desarrollo sostenible (la costa es el mejor ejemplo de ello al estar siendo devastada por emprendimientos turísticos europeos, principalmente portugueses, noruegos y –como no- españoles. Quizá una diferencia importante entre algunos países europeos y países como Brasil estribe en la escasa gobernabilidad que aquí reina principalmente en los niveles de la administración local y estadual (lo que en España sería el ámbito regional). En este país, el cambio de poder político cada cuatro años implica en muchos casos el abandono de los proyectos y obras públicas de los antiguos responsables políticos lo que agrava la sensación de una ausencia total de planificación a largo plazo.
  6. Para quien llega a este país y goza de cierta sensibilidad social, asistirá incrédulo a las diferencias sociales perfectamente visibles y que favorecen indignas situaciones de pobreza y exclusión social de importantes colectivos y personas. Más indignante son actitudes y muestras clasistas y de desprecio ya no sólo por cuestiones étnicas y poder económico sino también territoriales. El sur del país -rico y próspero- argumenta con menosprecio que el resto vive gracias a ellos.
  7. “Será en términos económicos la sexta potencia del mundo, pero su subdesarrollo me desespera” así de franco se expresaba el otro día un holandés que conocí y que cumple por estas fechas un año en Brasil. Y es que la cotidianidad se hace difícil y más a la vista de un europeo. La informalidad, el desorden, la ausencia de civismo… son hábitos con los que hay que saber convivir tanto en el ámbito profesional como en la esfera privada.
  8. Por mi experiencia en países de esta América Latina me atrevo a decir –aún temiendo realizar un juicio prematuro- que el ser europeo o español no representa tanta ventaja competitiva aquí como sí supone en otros países de este continente. Quizá el número tan importante de extranjeros que estamos llegando a este a Brasil, está favoreciendo un recelo por parte de determinados sectores profesionales. Otros han visto una gran oportunidad en la llegada de europeos con pretensiones de hacer negocio. Es muy frecuente escuchar quejas de extranjeros sobre los precios que les piden los locales cuando se trata de adquirir algún terreno, vivienda o negocio. Existe una imagen extendida de que el gringo (como aquí se llama a todo extranjero) es rico y tonto. Conviene por tanto tener en cuenta estos condicionantes y prejuicios y si se puede, acompañarse y parapetarse de un nativo de confianza que inicie el primer contacto en una acción de compra-venta.
  9. Las oportunidades de negocio en Brasil son reales aunque a éstas no se llega por estar simplemente aquí. Como en cualquier otra situación o lugar, hay que detectarlas, viabilizarlas, planificarlas, trabajarlas… Uno percibe que negocios ya existentes y consolidados en Europa aquí están aún por crearse. La duda es en qué medida este contexto de crisis en Europa y EEUU afectará a la economía de este país. De momento, es ‘visible’ la capacidad de consumo de la denominada clase C que agrupa a las rentas familiares que poseen ingresos entre los 1000 y 2000€. Esta clase reúne a más de la mitad de la población y es considerada como el motor de la economía brasileña. Atender sus necesidades de ocio y bienestar debe estar enfocado el trabajo de muchas empresas y emprendedores.
  10. Como última reflexión he querido dejar la que considero puede resultar más interesante para el lector que está barajando hacer de Brasil un destino de trabajo y/u oportunidad. Muchos serán los dispuestos a colaborar en tu proceso de búsqueda y puesta en marchar de negocio, trabajo… pero ninguno lo hará efectivo. La cultura del agrado –tan extendida en muchos países latinoamericanos- favorece inútiles brindis al sol. En este periodo corto de tiempo que llevo viviendo en este país, la lección más importante que he aprendido es no esperar de terceros –en muchos casos familiares incluidos- favores, mediaciones, contactos… Será, además de un retraso, una fuente de desesperación y continuo malestar. Esta cultura que denomino ‘del agrado’ conlleva otra consideración negativa -especialmente en el ámbito de los negocios- y es que difícilmente un ‘no’ se escuche siendo en estas relaciones comerciales la respuesta más habitual. Y en ese limbo puedes perpetuarte esperando a que se concrete algo definitivo. Por tanto, en este país como en cualquier otro, se hace imprescindible conocer la idiosincrasia y cultura de negocios y teniendo presente la dificultad de encontrar aliados que de manera desinteresada colaboren con tu causa.

Espero que estas reflexiones permitan al lector conocer esta otra cara de este país, la menos conocida pero tan importante para tomar decisiones estratégicas y personales. Considero que estamos en el momento y en el país adecuado en términos de oportunidades profesionales y de negocios… pero lejos de casa y muy, muy lejos de unas condiciones de vida que desde estos destinos se echa en falta y se valora mucho más. ¡Suerte a todos!

Brasil, lo que todo emprendedor, empresario o profesional debería saber antes de instalarse aquí (Parte I).

Muchas son las informaciones, estudios, datos… que acompañan el interés que despierta actualmente Brasil en el ámbito de los negocios internacionales. Sin embargo, es muy difícil encontrar esa otra información valiosa que tanto uno necesita cuando llega a un país ajeno donde la cotidianidad, las costumbres y los códigos de conducta resultan –cuanto menos- diferentes.

A continuación -he dividido el contenido de ésta reflexión en dos post- pretendo resumir las primeras impresiones que me provoca este país cuando a penas llevo tres meses de estancia (aunque ya lo conozco de otras estancias temporales). Tenga el lector en cuenta por tanto este factor prematuro además de la dificultad que implica la generalización de un país de realidades tan opuestas. El país de la OCDE que registra la mayor desigualdad entre ricos y pobres, un país que cuenta con cinco grupos étnicos y con poco más de 200 millones de habitantes.

Playa de Lebron en Río de Janeiro.

  1. El primer factor que no escapa a nadie interesado en llegar hasta este país, es la toma de conciencia del tamaño de Brasil (el doble de la extensión de todos los países de la Unión Europea). ‘Ir a Brasil’, ‘instalarse en Brasil’, ‘vivir en Brasil’… implica, por tanto, en primer lugar una elección estratégica del lugar/ciudad/estado en función de los objetivos profesionales (y personales) que se pretendan.
  2. La centralidad económica en el ámbito de los negocios de Sao Paolo, es evidente. La ciudad representa en la actualidad uno de los polos económicos más interesantes para el desarrollo de negocios a nivel mundial. Por el contrario, la urbe representa uno de los índices más bajos de aceptación en cuanto a condiciones de vida muy determinadas por el transporte y el elevadísimo coste de vida (décima ciudad más cara del mundo) además de la escandalosa falta de seguridad ciudadana.
  3. Brasil es un país muy interesante para profesionales, emprendedores… pero no lo es para tanto para una aventura en familia con niños. Quizá especial sensibilidad me despierta esta consideración por padecerla en carne propia. La ausencia de los estándares europeos de seguridad en la mayor parte del país (a veces acrecentada de manera intencionada por el negocio que genera), impide hábitos públicos a los que solemos estar acostumbrados. La acción de pasear, por ejemplo, no es una actividad común (tampoco contribuye a ello la falta de espacios públicos adecuados). Inexistentes son también los parques infantiles destinados al disfrute de los niños pequeños, tan frecuentes en nuestro país. Llamativo dato también que en el periodo que llevo viviendo aquí, sólo he visto un carrito de bebé por la calle. La vida social, la vida familiar por tanto se reduce a espacios privados. Sirva a modo de ejemplo la consideración de los centros comerciales como el principal lugar de recreación de la población. También muy ilustrativo es el hecho de que la mayoría de los condominios (como aquí se le denomina a las urbanizaciones) ofrezcan una serie de servicios comunes (piscina, salón de fiestas, parrilla, área para niños, gimnasio, lavandería…) que invitan al disfrute de manera privada en un espacio que además se encuentra garantizado por el servicio de seguridad propia del condominio que a modo de bunker se aísla de la incertidumbre del exterior. Por tanto, se hace imprescindible asumir la pérdida de calidad de vida respecto a los estándares que gozamos en Europa en términos de servicios al ciudadano y, muy especialmente, seguridad ciudadana.
  4. La sensación de inseguridad que uno siente (y que acentúan los propios locales desde que uno llega al aeropuerto), no sólo la genera la violencia. El tráfico es otro elemento que incorpora grandes dosis de –por qué no llamarlo por su nombre- peligro. Bicicletas, motocicletas, caballos, carros tirados por animales, peatones, socavones, imprudencias (coches en dirección contraria o dando marcha atrás como ya presencié en varias ocasiones), accidentes (especialmente con motos implicadas)… forman parte de la escenografía habitual de las calles y carreteras de este país. Conviene alertar, para evitar sorpresas a quien se aventure a venir por primera vez a este país –y a este continente- que es habitual y ‘consentido’ no atender la luz roja de los semáforos en horas de la noche por una cuestión de seguridad al quedar expuesto a posibles atracos. Mucha atención exige también los actos de compra, especialmente en supermercados. Esto me sorprende y me indigna de manera extraordinaria. Es muy frecuente (repito, muy frecuente, al menos en los centros que asiste mi familia) constantes errores en los ticket de compra, curiosamente siempre el error a favor del supermercado. Aquí el cliente es ninguneado y lo es además de un entorno de calidad/precio de servicios y productos deficiente.  Este país exige por tanto una constante atención, prevención y alerta.
  5. Lejos de posiciones etnocentristas, es necesario hacer constar para quien se interesa por este país como opción las deficientes condiciones de vida que favorecen ciudades sin un transporte público decente, sin infraestructuras que den respuestas al tráfico caótico, la suciedad, la falta de planificación y sin noción alguna de lo que implica un desarrollo sostenible (la costa es el mejor ejemplo de ello al estar siendo devastada por emprendimientos turísticos europeos, principalmente portugueses, noruegos y –como no- españoles. Quizá una diferencia importante entre algunos países europeos y países como Brasil estribe en la escasa gobernabilidad que aquí reina principalmente en los niveles de la administración local y estadual (lo que en España sería el ámbito regional). En este país, el cambio de poder político cada cuatro años implica en muchos casos el abandono de los proyectos y obras públicas de los antiguos responsables políticos lo que agrava la sensación de una ausencia total de planificación a largo plazo.

El necesario ‘hasta luego…’

Aunque me acompañan unas cuantas experiencias en toma de decisiones vitales durante mis cuarenta años de deambular por esta vida (en 1999 me traslado a vivir desde Toledo a Oviedo y en el 2006 inicio en un viaje por América Latina que finalizaría dieciséis meses después), ésta de salir de Asturias y mi país para irme a vivir a Brasil (Fortaleza) es, sin lugar a dudas, la más trascendental.

Y lo es por varias razones. Primero porque en esta ocasión la decisión es compartida en pareja (con Tatiana, brasileña) lo que implicó una gestión difícil del proceso. En segundo lugar, por la complejidad de la decisión; por un lado, la placentera calidad de vida de Asturias sin oportunidades laborales y, por otro, los retos profesionales importantes de Brasil con una merma considerable en nuestras condiciones de vida. Ha sido una decisión donde se mezclaron los deseos y voluntades con la realidad y el deber y que provoca tantas dudas sobre su pertinencia y acierto que me acompañarán todo el resto de mi vida. Y en tercer lugar, por las implicaciones que la marcha supone; lejanía de tu tierra de referencia, familia, amigos, hábitos…de tu zona de confort, abandono de tu propia casa, comienzo otra vez desde 0 en país extraño, nuestra próxima paternidad, etc.

Para muchos que habéis vivido de cerca esta toma de decisión, la habéis considerado como un acto valentía. Sin negar ciertas dosis del carácter proactivo y aventurero que nos identifica a los dos, hay que reconocer que es un salto medido y con red. Sin la cobertura emocional, la tejido de contactos, la logística familiar… que aporta Tatiana, esta decisión adquiriría una dimensión diferente. Nosotros sin embargo, nos vamos en condiciones ventajosas a las que también contribuye mi estatus de residente permanente que me permite ser considerado en el mercado laboral/empresarial como un brasileño más (aunque sin la misma habilidad para el baile).

Difícil me resulta compartir las sensaciones que he venido sintiendo desde que tomamos la decisión de irnos a Brasil hace casi tres meses. Ahora, a escasas horas de tomar el vuelo dela TAP1015, siento con mayor intensidad que estoy viviendo un cambio radical de consecuencias impredecibles pero de afectación evidente para el resto de mi vida y la de mi familia. Ojala pudierais atisbar el vértigo, la incertidumbre, el miedo… que un acto como éste provoca y del que ya, ya no es posible la marcha atrás. Que a partir de ahora, tu devenir estará ligado para bien o para mal, a esta decisión.

Pero peor aún sería si no tuviera la certeza de que emprendo esta aventura con la mejor compañía y compañera (de viaje) posible. Tatiana y su familia, me garantizan el cariño necesario y la cobertura emocional que precisa quien se adentra en un espacio amigo pero ajeno. ¡Qué fortuna la mía!

Y si fueran pocas las emociones, más lo es la vida que estamos engendrando desde hace ahora ya doce semanas. Enorme es la ilusión por mi futura y deseada paternidad pero también grande, grandísima es la responsabilidad que asumo en esta aventura que hasta la fecha me impide recrearme en esta la mayor y más importante experiencia de mi vida. Siento una vez más ese redoble de tambores tan familiar que me vuelve anunciar un nuevo acto con categoría de ‘más difícil todavía’.

En esta nueva aventura, no sobrarán las palabras de aliento, los gestos cómplices, la llamada oportuna… Que esta ventana a modo de bitácora que hoy os vuelvo abrir después de aquellos ya lejanos -y origen de los actuales- ‘latidos de una huella’, nos permita seguir compartiendo como hasta ahora amistad, el afecto familiar, largas sobremesas, culines de sidra, rutas de bici y montaña… Desde este otro lado de esta ventana abierta de par en par me comprometo a mostraros a través de mis experiencias y anécdotas y con la misma pasión y humor que antaño, mi deambular y el de mi familia por una tierra, un país que ya empiezo a sentir como algo propio.

Y como no sé hacer de otra manera, será también un espacio transparente en emociones. Como la que me provocó Tatiana en su despedida telefónica aquel día que confirmó nuestro embarazo. Ya sintiendo la vida que llevaba dentro de sí, se despidió con un ‘te queremos’ que me impresionó tanto que aún ahora me estremece y emociona… sí, ‘te queremos’.

Allí me esperan los dos, allí en mi nueva tierra, ‘a Terra do Sol, o Ceara, no Brasil’.