Un año en Brasil

Tal vez como no hay motivos para celebrar nada, me equivoqué en el día de la efeméride de mi llegada a este país. Fue ayer día 31 de octubre y no hoy, cuando cumplí mi primer año. Lo que mejor recuerdo de aquel día fue cuando me requisaron en la aduana todo el embutido que me traía. Aquel suceso se convertiría con el tiempo en una inocente anécdota.

Ni tan siquiera el momento de tomar la decisión de venirnos hasta aquí, motivó la más mínima ilusión. Forzados por la incertidumbre del futuro y las aspiraciones profesionales y de familia, la opción de llegarnos hasta aquí fue, no sé si la más lógica, pero sí la más razonable. A la vista de la situación presente y de futuro ‘en casa’, la apuesta por salir fue correcta.

Mi puesto de trabajo y mi mejor ayudante, la que más me motiva.

Pero ¿y el destino? No fue una elección sino una oportunidad fácil, cómoda… natural. Era consciente de que Fortaleza no era un destino de mi preferencia pero aquí teníamos –así pensaba- la logística, los contactos… Ni en el peor de los escenarios pude imaginar que esta experiencia me supusiera tanta… (me cuesta encontrar la palabra)… desesperación, frustración… Sin lugar a duda, el peor periodo de mi vida…

  • por el desgaste mental. Cuántas noches en vela, diseñando nuevos escenarios, buscando alternativas…
  • por el desgaste físico. Mi alergia peor, enganchado a un colirio que el oculista me recomendó por mi fatiga visual, mi espalda dañada apunto de iniciar un ciclo de 10 sesiones para aprender nuevos hábitos
  • por lo que se añora de los buenos tiempos
  • por la falta de intimidad, de libertad
  • por el deterioro en la relación de pareja
  • por el entorno hostil, violento, carente de formas y normas, donde la desconfianza es la base en el ámbito profesional e social.

Sólo quien vive el día a día y viene de fuera, puede entender esta situación. Para el turista, para el expatriado (el que viene mandado por una empresa no brasileña con todo pagado…)… todo estos problemas de lo cotidiano no dejan ser una consecuencia del exotismo del lugar.

Durante este periodo viví situaciones jamás imaginables, escuchado historias surrealistas, asistido a detalles cómicos (cuando no dramáticos), a formas de actuar primitivas, cerrando los ojos para no escuchar… Soy fruto de una determinada cultura, de unos valores, de una manera de comportarme en sociedad… que aquí nada tiene que ver y de las que no puedo escapar.

 

Cultour Spain, la primera marca de mi proyecto como emprendedor en Brasil.

¿Cómo asumir esta informalidad a todos los niveles tanto de la vanguardia (los que como responsables de empresa no me atendieron) como de los curritos (mi hija en seis meses ya tuvo cinco niñeras –la última hoy argumentó que tenía catarro- porque un día deciden no venir sin avisar, o durante cinco meses pasaron tres asistentas por esta casa)? ¿Cómo aceptar la falta de educación a todos los niveles para lo cotidiano (consecuencia tal vez de un nivel intelectual tan pobre –lo que es reconocido por todos)? ¿Cómo llevar el caos y desorden de esta ciudad, propio de esta región del Nordeste de Brasil? ¿Cómo asumir que ‘amigos’ de tu mujer a los que acudiste rehúyan de ayudarte con ese teléfono, ese contacto, ese asesoramiento…? ¿Como asumir que (algunos) familiares se desentiendan o miren para otro lado cuando se trata de echar una mano –recalco, una simple mano? ¿Cómo adaptarse a una cultura donde el esfuerzo y el compromiso son desdeñados como cualidad? ¿Cómo convivir en una ciudad donde al año se producen casi 2000 homicidios (en el 2010, 1824. En Madrid, en el 2011 los homicidios fueron 48 personas)?

Como le dijo un brasileño a un conocido mío español en situación de ilegalidad en Brasil…, “Brasil no está hecho ni para nosotros los brasileños”. Y no es de extrañar que muchos brasileños de los que conozco varios casos, no quieran volver porque ya no se acostumbrarían de nuevo a este estilo de vida.

¿Es entonces extraño el pensar que uno no desee para su hija este entorno? ¿Es criticable que a pesar del cansancio y frustración, no deje de buscar entornos algo más agradables en el sur del país o fuera de él?

Desde mi llegada a Brasil, mi forma de vivir cambió radicalmente. Carezco de amigos. El deporte se reduce a una o dos veces a la semana en el gimnasio. No tengo ninguna actividad de ocio. No disfruto con la comida. Los fines de semana no existen.

 

slowTRAVELers, una segunda marca para comercializar grande viajes.

Pero además del precio que estoy pagando por esta aventura en Brasil, existe otro igualmente triste. Con mi llegada hasta aquí, el contacto con mi red social en España se ha mermado bastante e incluso desaparecido con personas con quien tenía un trato a diario. Afortunadamente, la familia sigue ahí como siempre y como algunos amigos que siguen demostrando su fidelidad de una manera que no olvidaré.

No queda otra que seguir trabajando, ser constante en el empeño, creativo en las soluciones y asumir que en esta aventura, estás sólo y que nada o muy poco (en el mejor de los casos) puedes esperar del resto.

Mi situación de disconformidad no es la de muchos españoles, extranjeros que viven por aquí, pero sí es compartida por muchos que conviven en condiciones muy, muy desfavorable… incluso en situación de ilegalidad. Los comentarios en este blog son testigos de ello. Encima soy un afortunado, porque tengo una mujer que hace más llevadera mi adaptación, vivo en una casa estupenda y todas las comodidades…

Todo cambio y este tiene componentes culturales muy importantes, requiere de tiempo, de reacomodarse en las formas, el lugar y entre el contexto. Ser además emprendedor y extranjero, en un sector que no tienes experiencia salvo tu profesionalidad y donde existe una desconfianza enorme por tantas estafas que suceden (más aún cuando nadie tiene referencias tuyas). Convertirte en padre y asumir la responsabilidad que implica cualquier decisión. Convivir en una casa que no es la tuya y donde los hábitos son diferentes. Mi apuesta por recuperar el control de mi vida y vivirla haciendo cosas que me motiven… todo esto son factores que dificultan el proceso de adaptación (que no de asimilación) en esta aventura. Por lo que veo y me dicen otros en situaciones similares, es normal que las cosas tarden un poco en darse.

No sé si es un espejismo pero quiero intuir la luz al final del túnel. Será necesario para recuperar fuerzas y asumir lo correcto de la apuesta profesional. De otra manera, seguir en este país (ya no hablo de Fortaleza de la que vamos a salir), no es posible.

 

Los pilares de la tierra.

En fin, se trata de una experiencia dura, muy jodida en la que el componente cultural, el entorno local en el que vivo, mi incapacidad para (con-)vivir con transigencia y sin agonía y mi resistencia a asumir mi presencia aquí, hacen que la misma tenga estas características.

Invito al lector a ponerse en mi lugar y reflexionar sobre lo difícil que es asimilar el no poder estar donde quieres y no querer estar donde estás. El dilema del emigrante.

Hoy día de los Santos Difuntos, no era la efeméride. Me falló el subconsciente. Porque tal vez con el inicio de esta nueva vida, quizá moría la otra. Esa otra que me permitió disfrutar a mi antojo y voluntad de esta paso por la vida que en mi caso al menos, será irrepetible.

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Brasil; seducción y negocios en Internet

(Gracias a Javier Martín por animarme a escribir este artículo, publicarlo y darle valor).

Brasil… Brasil siempre una agradable y evocadora referencia. Pero desde hace unos años, aún más. Una nueva ‘marca país’ se construye entre los estereotipos de siempre en torno al fútbol, el Carnaval, la creatividad artística, la sensualidad, las playas… A nivel internacional, en Europa y con muchísimo interés en España, Brasil es considerado un país sumamente atractivo en términos de oportunidades de negocio (y empleo).

Si bien a este interés ha contribuido la persistente crisis actual que ha obligado a mirar a nuevos mercados emergentes, Brasil está generando una dinámica propia interna que no puede dejar impasible a empresarios, emprendedores y profesionales.

El nuevo devenir de la economía brasileña ha permitido la incorporación al mercado de consumo a una ‘nueva clase media’ que ha adoptado hábitos y pautas similares a las de los países de referencia (EE.UU, Europa…). Los datos estadísticos en Brasil resultan difícil de entender (y mucho menos de creer) dada la disparidad y contradicción de versiones y cifras (tampoco es de extrañar dado el contingente importante de población excluida en el sentido más estricto de la palabra). Se habla, se dice, se comenta… que más de la mitad de la población de este país tiene una renta familiar entre 500-2000€ (en torno a 100 millones de personas). Independientemente de la cifra (fundamental para conocer y dimensionar este mercado de oportunidades) y de la heterogeneidad de esta clase media, lo que es cierto es que nuevas familias han aumentado su poder adquisitivo. Desde 2003, cuando asumió Lula da Silva, 35,7 millones de personas ‘ascendieron’ desde la clase baja a la nueva clase media y otros 28 millones de personas emergieron de situación de miseria hacia la clase más baja, apunta un estudio de la Fundación Geutelio Vargas.

Para dimensionar estos datos y lo que representa este gran motor de consumo que es ésta nueva clase media brasileña (la denominada ‘Clase C’), conviene destacar que estamos hablando de un mercado que duplica en términos de volumen al de España y supera al alemán.

Y no podía escapar a esta tendencia el mercado digital; Internet y el desarrollo de negocios, aplicaciones y contenidos digitales. Con el acceso cada mayor de nuevos usuarios y consumidores de estos servicios, el mercado está adquiriendo unas dimensiones extraordinarias:

Y aunque no todo es tan atractivo como parece (deficiente banda ancha, poca madurez del mercado en términos hábitos de empresas y usuarios, recelos en las compras por Internet, excesiva centralidad del negocio digital en São Paolo, necesidad de mejorar la seguridad en la transmisión de datos en Internet…), muchas son las empresas, inversores e incluso emprendedores que desde el exterior se acercan hasta aquí, hasta este país de oportunidades –también- en torno a los negocios de Internet.

Esta dinámica también llega desde España quizá por ser de los actuales mercados emergentes el más próximo en términos culturales e idiomáticos. Muchísimas son las empresas y startups que quieren llegarse hasta aquí. Pocas las que han dado un primer paso visitando el país o adquiriendo dominio local o dinamizando sus contenidos online. Y muchas menos las que se han atrevido a instalarse aquí con todas las consecuencias pero también con organización, planificación e inversión.

Las oportunidades en este país en torno a Internet y sus negocios derivados son evidentes y reales así como las posibilidades aún de crecimiento sostenible en el tiempo. La estrella en este aspecto es el e-commerce, un mercado atractivo para los nuevos emprendedores. El mejor ejemplo es el furor por las compras colectivas en este país donde Groupon, Click on y Peixe Urbano lideran una batalla feroz (también ante los tribunales acusados por las autoridades de defensa del consumidor, nada extraño en este país donde el consumidor es ninguneado). Esta nueva realidad de la acción comercial ha envuelto -en un periodo de tiempo efímero- a comerciantes, tiendas, fabricantes, empresas de restauración y hotelería… y por supuesto a los consumidores de este país que nos estamos beneficiando de estos descuentos de entre 30 y 90%. Conviene también indicar, especialmente para una lectura de este artículo desde España, que la calidad de productos y servicios en general en este país, no es comparable con la que se nos presupone y exigimos en nuestro país.

También interesante señalar un dato muy significativo. El 60% de las ecommerce brasileñas, cierran en el primer año. Las causas que señala el artículo al que remito, lejos de desanimar deberían permitirnos ver un mundo de oportunidades. Y es que una gestión estratégica y adecuada planificación en un país como éste es una ventaja competitiva considerable para empresas y emprendedores europeos que trabajen bajo estos parámetros. Tanto o más como conocer el mercado local.

Interesantes son también las perspectivas de negocio en torno a nuevas aplicaciones para dispositivos móviles, el uso de las redes sociales por parte de las empresas (incipiente), el desarrollo de contenidos digitales, el marketing y publicidad online, etc.

Con este artículo pretendía incidir un poco más en la potencialidad de este país en términos de desarrollo y oportunidades de negocio, también para los de ámbito digital. Dejo de lado otras consideraciones importantes a tener en cuenta sobre lo que implica llegar, vivir y desarrollarse profesionalmente en este país y que ya fueron en su día objeto de consideración.

Y es que todo cuenta y hay que tenerlo presente; las perspectivas del mercado, el entorno, el gap cultural, los profesionales locales, la burocracia, la inversión… y más con las necesidades de mantenerse y/o crecer de las empresas de Internet europeas/españolas. Efectivamente, todo cuenta pero parece muy difícil no dejarse seducir ante estos encantos (digitales) y más aún cuando las posibilidades de seducción a corto y medio plazo intuyen una noche loca, loca… la antesala de una relación apasionante y quizá fructífera (todo posible en este país).

Brasil, lo que todo emprendedor, empresario o profesional debería saber antes de instalarse aquí (Texto completo).

Muchas son las informaciones, estudios, datos… que acompañan el interés que despierta actualmente Brasil en el ámbito de los negocios internacionales. Sin embargo, es muy difícil encontrar esa otra información valiosa que tanto uno necesita cuando llega a un país ajeno donde la cotidianidad, las costumbres y los códigos de conducta resultan –cuanto menos- diferentes.

A continuación pretendo resumir las primeras impresiones que me provoca este país cuando a penas llevo tres meses de estancia (aunque ya lo conozco de otras estancias temporales). Tenga el lector en cuenta por tanto este factor prematuro además de la dificultad que implica la generalización de un país de realidades tan opuestas. El país de la OCDEque registra la mayor desigualdad entre ricos y pobres, un país que cuenta con cinco grupos étnicos y con poco más de 200 millones de habitantes.

Avenida Paulista, Sao Paolo (foto tomada en julio de 2006)

  1.  El primer factor que no escapa a nadie interesado en llegar hasta este país, es la toma de conciencia del tamaño de Brasil (el doble de la extensión de todos los países de la Unión Europea). ‘Ir a Brasil’, ‘instalarse en Brasil’, ‘vivir en Brasil’… implica, por tanto, en primer lugar una elección estratégica del lugar/ciudad/estado en función de los objetivos profesionales (y personales) que se pretendan.
  2. La centralidad económica en el ámbito de los negocios de Sao Paolo, es evidente. La ciudad representa en la actualidad uno de los polos económicos más interesantes para el desarrollo de negocios a nivel mundial. Por el contrario, la urbe representa uno de los índices más bajos de aceptación en cuanto a condiciones de vida muy determinadas por el transporte y el elevadísimo coste de vida (décima ciudad más cara del mundo) además de la escandalosa falta de seguridad ciudadana.
  3. Brasil es un país muy interesante para profesionales, emprendedores… pero no lo es para tanto para una aventura en familia con niños. Quizá especial sensibilidad me despierta esta consideración por padecerla en carne propia. La ausencia de los estándares europeos de seguridad en la mayor parte del país (a veces acrecentada de manera intencionada por el negocio que genera), impide hábitos públicos a los que solemos estar acostumbrados. La acción de pasear, por ejemplo, no es una actividad común (tampoco contribuye a ello la falta de espacios públicos adecuados). Inexistentes son también los parques infantiles destinados al disfrute de los niños pequeños, tan frecuentes en nuestro país. Llamativo dato también que en el periodo que llevo viviendo aquí, sólo he visto un carrito de bebé por la calle. La vida social, la vida familiar por tanto se reduce a espacios privados. Sirva a modo de ejemplo la consideración de los centros comerciales como el principal lugar de recreación de la población. También muy ilustrativo es el hecho de que la mayoría de los condominios (como aquí se le denomina a las urbanizaciones) ofrezcan una serie de servicios comunes (piscina, salón de fiestas, parrilla, área para niños, gimnasio, lavandería…) que invitan al disfrute de manera privada en un espacio que además se encuentra garantizado por el servicio de seguridad propia del condominio que a modo de bunker se aísla de la incertidumbre del exterior. Por tanto, se hace imprescindible asumir la pérdida de calidad de vida respecto a los estándares que gozamos en Europa en términos de servicios al ciudadano y, muy especialmente, seguridad ciudadana.
  4. La sensación de inseguridad que uno siente (y que acentúan los propios locales desde que uno llega al aeropuerto), no sólo la genera la violencia. El tráfico es otro elemento que incorpora grandes dosis de –por qué no llamarlo por su nombre- peligro. Bicicletas, motocicletas, caballos, carros tirados por animales, peatones, socavones, imprudencias (coches en dirección contraria o dando marcha atrás como ya presencié en varias ocasiones), accidentes (especialmente con motos implicadas)… forman parte de la escenografía habitual de las calles y carreteras de este país. Conviene alertar, para evitar sorpresas a quien se aventure a venir por primera vez a este país –y a este continente- que es habitual y ‘consentido’ no atender la luz roja de los semáforos en horas de la noche por una cuestión de seguridad al quedar expuesto a posibles atracos. Mucha atención exige también los actos de compra, especialmente en supermercados. Esto me sorprende y me indigna de manera extraordinaria. Es muy frecuente (repito, muy frecuente, al menos en los centros que asiste mi familia) constantes errores en los ticket de compra, curiosamente siempre el error a favor del supermercado. Aquí el cliente es ninguneado y lo es además de un entorno de calidad/precio de servicios y productos deficiente.  Este país exige por tanto una constante atención, prevención y alerta.
  5. Lejos de posiciones etnocentristas, es necesario hacer constar para quien se interesa por este país como opción las deficientes condiciones de vida que favorecen ciudades sin un transporte público decente, sin infraestructuras que den respuestas al tráfico caótico, la suciedad, la falta de planificación y sin noción alguna de lo que implica un desarrollo sostenible (la costa es el mejor ejemplo de ello al estar siendo devastada por emprendimientos turísticos europeos, principalmente portugueses, noruegos y –como no- españoles. Quizá una diferencia importante entre algunos países europeos y países como Brasil estribe en la escasa gobernabilidad que aquí reina principalmente en los niveles de la administración local y estadual (lo que en España sería el ámbito regional). En este país, el cambio de poder político cada cuatro años implica en muchos casos el abandono de los proyectos y obras públicas de los antiguos responsables políticos lo que agrava la sensación de una ausencia total de planificación a largo plazo.
  6. Para quien llega a este país y goza de cierta sensibilidad social, asistirá incrédulo a las diferencias sociales perfectamente visibles y que favorecen indignas situaciones de pobreza y exclusión social de importantes colectivos y personas. Más indignante son actitudes y muestras clasistas y de desprecio ya no sólo por cuestiones étnicas y poder económico sino también territoriales. El sur del país -rico y próspero- argumenta con menosprecio que el resto vive gracias a ellos.
  7. “Será en términos económicos la sexta potencia del mundo, pero su subdesarrollo me desespera” así de franco se expresaba el otro día un holandés que conocí y que cumple por estas fechas un año en Brasil. Y es que la cotidianidad se hace difícil y más a la vista de un europeo. La informalidad, el desorden, la ausencia de civismo… son hábitos con los que hay que saber convivir tanto en el ámbito profesional como en la esfera privada.
  8. Por mi experiencia en países de esta América Latina me atrevo a decir –aún temiendo realizar un juicio prematuro- que el ser europeo o español no representa tanta ventaja competitiva aquí como sí supone en otros países de este continente. Quizá el número tan importante de extranjeros que estamos llegando a este a Brasil, está favoreciendo un recelo por parte de determinados sectores profesionales. Otros han visto una gran oportunidad en la llegada de europeos con pretensiones de hacer negocio. Es muy frecuente escuchar quejas de extranjeros sobre los precios que les piden los locales cuando se trata de adquirir algún terreno, vivienda o negocio. Existe una imagen extendida de que el gringo (como aquí se llama a todo extranjero) es rico y tonto. Conviene por tanto tener en cuenta estos condicionantes y prejuicios y si se puede, acompañarse y parapetarse de un nativo de confianza que inicie el primer contacto en una acción de compra-venta.
  9. Las oportunidades de negocio en Brasil son reales aunque a éstas no se llega por estar simplemente aquí. Como en cualquier otra situación o lugar, hay que detectarlas, viabilizarlas, planificarlas, trabajarlas… Uno percibe que negocios ya existentes y consolidados en Europa aquí están aún por crearse. La duda es en qué medida este contexto de crisis en Europa y EEUU afectará a la economía de este país. De momento, es ‘visible’ la capacidad de consumo de la denominada clase C que agrupa a las rentas familiares que poseen ingresos entre los 1000 y 2000€. Esta clase reúne a más de la mitad de la población y es considerada como el motor de la economía brasileña. Atender sus necesidades de ocio y bienestar debe estar enfocado el trabajo de muchas empresas y emprendedores.
  10. Como última reflexión he querido dejar la que considero puede resultar más interesante para el lector que está barajando hacer de Brasil un destino de trabajo y/u oportunidad. Muchos serán los dispuestos a colaborar en tu proceso de búsqueda y puesta en marchar de negocio, trabajo… pero ninguno lo hará efectivo. La cultura del agrado –tan extendida en muchos países latinoamericanos- favorece inútiles brindis al sol. En este periodo corto de tiempo que llevo viviendo en este país, la lección más importante que he aprendido es no esperar de terceros –en muchos casos familiares incluidos- favores, mediaciones, contactos… Será, además de un retraso, una fuente de desesperación y continuo malestar. Esta cultura que denomino ‘del agrado’ conlleva otra consideración negativa -especialmente en el ámbito de los negocios- y es que difícilmente un ‘no’ se escuche siendo en estas relaciones comerciales la respuesta más habitual. Y en ese limbo puedes perpetuarte esperando a que se concrete algo definitivo. Por tanto, en este país como en cualquier otro, se hace imprescindible conocer la idiosincrasia y cultura de negocios y teniendo presente la dificultad de encontrar aliados que de manera desinteresada colaboren con tu causa.

Espero que estas reflexiones permitan al lector conocer esta otra cara de este país, la menos conocida pero tan importante para tomar decisiones estratégicas y personales. Considero que estamos en el momento y en el país adecuado en términos de oportunidades profesionales y de negocios… pero lejos de casa y muy, muy lejos de unas condiciones de vida que desde estos destinos se echa en falta y se valora mucho más. ¡Suerte a todos!

Brasil, lo que todo emprendedor, empresario o profesional debería saber antes de instalarse aquí (Parte I).

Muchas son las informaciones, estudios, datos… que acompañan el interés que despierta actualmente Brasil en el ámbito de los negocios internacionales. Sin embargo, es muy difícil encontrar esa otra información valiosa que tanto uno necesita cuando llega a un país ajeno donde la cotidianidad, las costumbres y los códigos de conducta resultan –cuanto menos- diferentes.

A continuación -he dividido el contenido de ésta reflexión en dos post- pretendo resumir las primeras impresiones que me provoca este país cuando a penas llevo tres meses de estancia (aunque ya lo conozco de otras estancias temporales). Tenga el lector en cuenta por tanto este factor prematuro además de la dificultad que implica la generalización de un país de realidades tan opuestas. El país de la OCDE que registra la mayor desigualdad entre ricos y pobres, un país que cuenta con cinco grupos étnicos y con poco más de 200 millones de habitantes.

Playa de Lebron en Río de Janeiro.

  1. El primer factor que no escapa a nadie interesado en llegar hasta este país, es la toma de conciencia del tamaño de Brasil (el doble de la extensión de todos los países de la Unión Europea). ‘Ir a Brasil’, ‘instalarse en Brasil’, ‘vivir en Brasil’… implica, por tanto, en primer lugar una elección estratégica del lugar/ciudad/estado en función de los objetivos profesionales (y personales) que se pretendan.
  2. La centralidad económica en el ámbito de los negocios de Sao Paolo, es evidente. La ciudad representa en la actualidad uno de los polos económicos más interesantes para el desarrollo de negocios a nivel mundial. Por el contrario, la urbe representa uno de los índices más bajos de aceptación en cuanto a condiciones de vida muy determinadas por el transporte y el elevadísimo coste de vida (décima ciudad más cara del mundo) además de la escandalosa falta de seguridad ciudadana.
  3. Brasil es un país muy interesante para profesionales, emprendedores… pero no lo es para tanto para una aventura en familia con niños. Quizá especial sensibilidad me despierta esta consideración por padecerla en carne propia. La ausencia de los estándares europeos de seguridad en la mayor parte del país (a veces acrecentada de manera intencionada por el negocio que genera), impide hábitos públicos a los que solemos estar acostumbrados. La acción de pasear, por ejemplo, no es una actividad común (tampoco contribuye a ello la falta de espacios públicos adecuados). Inexistentes son también los parques infantiles destinados al disfrute de los niños pequeños, tan frecuentes en nuestro país. Llamativo dato también que en el periodo que llevo viviendo aquí, sólo he visto un carrito de bebé por la calle. La vida social, la vida familiar por tanto se reduce a espacios privados. Sirva a modo de ejemplo la consideración de los centros comerciales como el principal lugar de recreación de la población. También muy ilustrativo es el hecho de que la mayoría de los condominios (como aquí se le denomina a las urbanizaciones) ofrezcan una serie de servicios comunes (piscina, salón de fiestas, parrilla, área para niños, gimnasio, lavandería…) que invitan al disfrute de manera privada en un espacio que además se encuentra garantizado por el servicio de seguridad propia del condominio que a modo de bunker se aísla de la incertidumbre del exterior. Por tanto, se hace imprescindible asumir la pérdida de calidad de vida respecto a los estándares que gozamos en Europa en términos de servicios al ciudadano y, muy especialmente, seguridad ciudadana.
  4. La sensación de inseguridad que uno siente (y que acentúan los propios locales desde que uno llega al aeropuerto), no sólo la genera la violencia. El tráfico es otro elemento que incorpora grandes dosis de –por qué no llamarlo por su nombre- peligro. Bicicletas, motocicletas, caballos, carros tirados por animales, peatones, socavones, imprudencias (coches en dirección contraria o dando marcha atrás como ya presencié en varias ocasiones), accidentes (especialmente con motos implicadas)… forman parte de la escenografía habitual de las calles y carreteras de este país. Conviene alertar, para evitar sorpresas a quien se aventure a venir por primera vez a este país –y a este continente- que es habitual y ‘consentido’ no atender la luz roja de los semáforos en horas de la noche por una cuestión de seguridad al quedar expuesto a posibles atracos. Mucha atención exige también los actos de compra, especialmente en supermercados. Esto me sorprende y me indigna de manera extraordinaria. Es muy frecuente (repito, muy frecuente, al menos en los centros que asiste mi familia) constantes errores en los ticket de compra, curiosamente siempre el error a favor del supermercado. Aquí el cliente es ninguneado y lo es además de un entorno de calidad/precio de servicios y productos deficiente.  Este país exige por tanto una constante atención, prevención y alerta.
  5. Lejos de posiciones etnocentristas, es necesario hacer constar para quien se interesa por este país como opción las deficientes condiciones de vida que favorecen ciudades sin un transporte público decente, sin infraestructuras que den respuestas al tráfico caótico, la suciedad, la falta de planificación y sin noción alguna de lo que implica un desarrollo sostenible (la costa es el mejor ejemplo de ello al estar siendo devastada por emprendimientos turísticos europeos, principalmente portugueses, noruegos y –como no- españoles. Quizá una diferencia importante entre algunos países europeos y países como Brasil estribe en la escasa gobernabilidad que aquí reina principalmente en los niveles de la administración local y estadual (lo que en España sería el ámbito regional). En este país, el cambio de poder político cada cuatro años implica en muchos casos el abandono de los proyectos y obras públicas de los antiguos responsables políticos lo que agrava la sensación de una ausencia total de planificación a largo plazo.