“So much beauty” hija!!

En ese instante comenzaba a sonar a medio volumen “So much beauty” del genial Valdi Sabev (para acompañar esta lectura puedes escucharla aquí).

Mi hija momentos antes de su padecimiento.

Mi hija se encogía de dolor en mis brazos por una vacuna necesaria. Su llanto esta vez no era el típico con el que acostumbra a expresar su disconformidad. Era un llanto que en este caso evidenciaba el sufrimiento por su incapacidad para aliviar las molestias.

Recién recostada sobre mi hombro izquierdo, empecé primero a acariciar con delicadeza su espalda desnuda después de sortear su blusa. Nos mecíamos solidarios al ritmo suave de la música mientras la luz tenue de mi mesa de trabajo reflejaba nuestra sombra en la pared cuando el anochecer se imponía.

Sentí la dificultad del respirar por la proximidad de su boca y nariz junto a mi hombro lo que le entorpecía el llanto. Sus lágrimas fluían y las sentía deslizarse por mi hombro. La escena y su desazón me empezaba a estremecer.

Mis dedos seguían agasajando su dorso extremadamente suave, tímidamente caliente y ligeramente encorvado. Nos seguíamos moviendo con dulzura y poco a poco nuestros cuerpos yacían en perfecta comunión. Su llanto empezaba a tornarse en pequeños gemidos consolados por una música relajante, el sosiego de las caricias y el balanceo.

Poco a poco sus gemidos empezaron a espaciarse en el tiempo. Mis dedos alcanzaron su cuello y con el corazón empecé a dibujarla sonrisas.

En ese soplo, sentí a mi hija como nunca antes, como si fuese una prolongación de mi (o tal vez yo de ella, no sé). El consuelo que ella acababa de encontrar se tornó en mi en una emoción que soy incapaz de compartir. Cómo explicarte hija las emociones sentidas al buscar tu sosiego y encontrarme convertido padre, tu padre.

Con la llegada del alivio de Iara, llegó poco después el final de la canción y el deslizar de mi única lágrima que se abría paso por mi flanco derecho. Mucha belleza hija, y muchísima emoción.

Iara incubando su dolor.

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