Amistades intergeneracionales, amistades de verdad!!

Persiguiendo la luz que ha de iluminar mi camino por este país, hace un par de semanas estuve viajando por distintas ciudades de Brasil. Fue el momento de volver a ver a entrañables amigos y de abusar de nuevo de su amistad. Son amigos que conocí durante aquel largo viaje por las tierras de esta América Latina hace ya más de seis años.
Seis años después llegué de nuevo a casa de Neide y José María en Sao Paulo y a pesar de que desde que nos conocimos nos solíamos encontrar los veranos en su casa de Gijón (este año faltaré a esa cita ya institucionalizada), fue muy emocionante el recuentro paulista. Aquella vez que nos conocimos llegué con la única credencial de ser un asturiano adoptivo. Sin mayor referencia que esta condición, me entregaron las llaves de la casa de su hija durante casi una semana. Una vez más sentí de cerca su cariño y su mejor predisposición para ayudarme en mi proceso de adaptación a este país al que José María llegó hace ya más de 50 años. Además de su cariño, Neide me agasajó con riquísimas comidas como esas lentejas con morcillas traídas de Asturias que forman parte ya de mis mejores recuerdos gastronómicos.

José María y Neide con unos sobrinos en su casa de Sao Paolo.

En Río de Janeiro me encontré felizmente con el Padre Ildefonso en la favela de Farros Filho donde vive hace ya más de 50 años. Con Ildefonso también me venía reuniendo los últimos veranos en su pueblo de Toledo. Incansable y como parte de la cotidianidad del suburbio, Ildefonso seis años después de aquella mi primera visita, sigue al pie del cañón pero con la red de guarderías que conocí cerrada por la Alcaldía de Río de manera unilateral. El dinero de los niños del futuro ahora se dedica al show de los Juegos Olímpicos.

Con Ildefonso en su casa en la favela de Barros Filho de Río de Janeiro.

En Búzios me reencontré después de seis años sin vernos con Bruno, un barcelonés instalado en este pueblo turístico de Brasil donde se afincó hace unos años con la que ahora es la madre de sus hijos. A Bruno, lo conocí cruzando ambos la frontera entre Costa Rica y Panamá en el 2005 y nos volvimos a encontrar casualmente en Salvador de Bahía en medio de una muchedumbre. En su espectacular casa me sentí aliviado con su ejemplo de vida y su generosidad.

Bruno a la izquierda con su familia en su casa de Búzios.

De un lado para otro coincidió la comunicaba con Amanda y Virginia, otras amistades cercanas fruto de aquella experiencia de viaje –ambas descendientes de asturianos. A Amanda, mi madre adoptiva argentina la conocí durante mi paso por Córdoba (Argentina). Jamás olvidaré su profundo cariño y las palabras con las que se dirigió a mi madre refiriéndose a mí. Desde aquel encuentro hace seis años y aunque la comunicación y afecto se mantiene, solo tuvimos la oportunidad de reencontrarnos hace poco más de un año en Gijón. Ahora con la distancia que nos separa –menos que la de antes- apacigua mi ímpetu y racionaliza mi proceso de adaptación en Brasil.

Amanda rodeada de parte de su familia. La foto es de hace más de seis años cuando nos conocimos.

Virginia, mi madre adoptiva chilena, también me abrió las puertas de su casa en Punta Arenas frente al Estrecho de Magallanes. Desde hace seis años no ha habido año que no nos hayamos visto en Asturias. Este año ya no será posible. Su llamada mensual para interesarse por mí y ahora por mi familia nunca falla.

Virginia agasajándome con unas casadielles en su casa de Punta Arenas. Foto tomada en el 2008, antes de embarcarme hacia la Antártida.

Excepto con Bruno, más joven que yo, con Neide, José María, Ildefonso, Amanda y Virginia me separan unas décadas. Pero independientemente de la distancia y la edad que nos separa me enorgullece mantener aún esta relación y conservar así su amistad, cariño y cercanía.
A vosotros Neide y José María, a ti Ildefonso, a ti Amanda y a ti Virginia quería rendiros este homenaje desde este mi personal ágora para agradeceros con la mayor de mis gratitudes tanto el cariño con el que me acogisteis entre los vuestros hace ya más de seis años como esta fidelidad que aún me mostráis siguiéndome, llamándome, pensándome… Creedme por favor cuando os digo que conservar esta amistad con vosotros es uno de las cosas de las más me siento orgulloso y me emocionan.
Gracias, siempre gracias.

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Hoy hace 5 años…

Hoy hace cinco años, llegaba de vuelta a casa tras un largo viaje de dieciséis meses por las tierras y “arterias” de la América Latina del sur. La misma tierra que hoy, cinco años después, me acoge a punto de abrigar entre mis brazos la vida de mi hija, Iara, y a cuya madre conocí en las escaleras de un hotel mientras iba de un lado para otro.

Hoy hace cinco años, terminaban aquellos latidos de una huella (www.latidosdeunahuella.blogspot.com ) aunque el viaje por la vida continua.

Hoy hace cinco años, llegaba a casa de mis padres, y mi madre me agasajaba con unas concretas de bacalao para iniciar bien la Cuaresma.

Diez características que definirían a un ‘ciudadano del mundo’.

Ahora que me aventuro (ésta sí) en la mayor y más importante experiencia de vida, la paternidad, me cuestiono como padre qué puedo (qué podemos) ofrecer y cómo hacer para que nuestra hija sea –como se dice y se espera de todo hijo- una persona de provecho, una persona que sume, que aporte valor.

Siempre pensé y ahora me reafirmo en vísperas de estrenar nuevo rol, que la cualidad que más desearía en un hijo sería que fuese una persona responsable. No sólo en el sentido de un ejercicio de responsabilidad consigo mismo sino también y más importante, con la sociedad, con el mundo en el que le toca actuar.

Seguramente ante una hipotética situación de petición de deseo, la elección de esta condición aseguraría la tranquilidad a cualquier padre quizá porque con ella van implícito otras cualidades igualmente deseables; honradez, compromiso, seriedad…

No obstante, quisiera también que mi hija fuera capaz de hacer frente a una dinámica que ya en la actualidad (debido a la crisis) está exigiendo ciudadanos globales, internacionales, en definitiva, ciudadanos del mundo. Por ciudadano del mundo entiendo la predisposición y la capacidad de una persona para adoptar acciones que le conducen más allá de su área de confort (su ciudad, su país…) pues interpreta y asume que el mundo, en su globalidad, es su campo de acción a la vez que su compromiso.

La cultura anglosajona y centroeuropea siempre ha sido mucho más sensible a esta realidad y han sabido aprovecharse de esta condición de ciudadanía global. Como latinos hemos crecido en un contexto de muchas más limitaciones culturales quizá tal vez por la aportación y centralidad del papel protector de la familia, la base social de nuestras sociedades latinas (y que en la actualidad ejerce un papel clave a la hora de amortiguar los efectos devastadores de la actual crisis).

Pero ¿qué implica ser ‘ciudadano del mundo’? No he querido comprobar la posible existencia de intentos realizados por terceros en pos de definir esta condición para evitar influencias. A continuación hago mi aportación a un posible debate definiendo un decálogo de cualidades y condiciones que reuniría un ciudadano del mundo.

  1. Capacidad para asimilar y considerar como ámbito de actuación y presencia la globalidad del mundo, mucho más allá de la natural área de confort.
  2. Una actitud global ante la vida no implica el rechazo (o negación) de las raíces propias que definen nuestra identidad. Un ciudadano del mundo actúa con parámetros de glocalización, es decir, actúa en lo global atendiendo los problemas y realidades más próximas.
  3. Como tal, tiene conciencia ciudadana (como ciudadano del mundo que es) y capacidad para el análisis crítico de la realidad. Defiende la importancia de actuar en pos de la justicia social, la defensa de la multiculturalidad y a favor de la sostenibilidad. En este sentido, es una persona culta e informada de los problemas sociales del momento.
  4. Es una persona con carácter proactivo, con iniciativa propia y actitud creativa. Actúa con independencia de modas.
  5. En el ámbito profesional, posee una vocación emprendedora propia de quien se valora, posee confianza en sus posibilidades y persigue el control de sus tiempos y vida.
  6. Posee autonomía para gestionar problemas o situaciones adversas.
  7. No atiende a estereotipos e imágenes preconcebidas sobre países, etnias, culturas, personas… En la diversidad cultural encuentra una fuerte de sabiduría. Evita el etnocentrismo.
  8. Aprecia el acto de viajar pero más que por una cuestión de acumulación numérica (de países visitados) y experiencias, por conocer, mezclarse y disfrutar de otras realidades y personas. El gusto por los viajes no define por sí mismo a un ciudadano del mundo.
  9. Capacidad para comunicarse y socializarse ya no sólo con personas que hablan otros idiomas sino para compartir experiencias, saberes, ideas… En los tiempos actuales, Internet es una herramienta imprescindible para cualquier persona que quiera actuar activamente en el mundo.
  10. Actitud manifiesta para vivir con intensidad aprovechando con plenitud las posibilidades que ofrece la vida en su dimensión más amplia. En este sentido, se deja acompañar por cierta predisposición hacia la aventura (o lo poco conocido).

No considero que ser ciudadano del mundo sea la principal cualidad que deba tener una persona. Ni mucho menos. Valoro mucho más la responsabilidad, la integridad, el sentido de lo justo… Pero estoy absolutamente convencido que si ya lo viene siendo en la última década para muchos de los que estamos en edad de ser padres, más imprescindible será aún para nuestros hijos, sentirse ciudadanos activos del mundo.

En la medida de lo posible, será necesario que como padres pensemos más en el futuro de nuestros hijos que en nosotros mismos, en nuestra comodidad y nuestra seguridad por tenerlos cerca y ‘bajo control’ (imagino la dificultad del empeño).

Por responsabilidad paterna y por tratar de dar a nuestros hijos las mejores herramientas de cara a su futuro, se hace necesario –viendo los efectos de la crisis actual- fomentar en ellos:

  • un pensamiento multicultural
  • una actitud emprendedora fruto de la autonomía, la iniciativa y la creatividad
  • la predisposición a viajar para mezclarse y conocer el mundo (y sus protagonistas desconocidos)
  • el aprendizaje deslocalizado y a pie de calle (invito a todos a seguir las aportaciones al tema que mi amigo y ciudadano del mundo, Iván Marcos hace al respecto)

Quisiera estar a la altura y poder fomentar en mi hija ese sentido de la  responsabilidad que defiendo a la vez que facilitarla las condiciones para que desde sus primeros estímulos pueda sentirse ciudadana activa de este mundo. Gracias a ella, espero poder aprender de su condición y así aprobar algunas de las asignaturas que aún tengo pendiente hasta llegar a ser un buen ciudadano del mundo.

Gracias amigo y amiga por llegarte hasta aquí.